La misa
La
misa es una liturgia
de la Iglesia católica (en que se suele denominar Santa
Misa), la Comunión Anglicana y el Luteranismo
en que se celebra la eucaristía. Según los Evangelios,
fue instituida durante la Última Cena
de Jesús de Nazaret con sus apóstoles.
El
Catecismo de la Iglesia católica
enseña que en la Santa Misa se renueva el sacrificio del calvario
al celebrar el sacramento de la Eucaristía.
En ella el sacerdote celebrante, que representa a Cristo (alter Christus)
consagra el pan y el vino pronunciando una fórmula sacramental (epíclesis)
que causa el efecto de la transubstanciación, transformándolos en el
cuerpo y la sangre de Cristo.
Según
la creencia luterana
la eucaristía es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Jesucristo,
entregados en el santo sacramento del altar para el perdón de los pecados y el fortalecimiento
de la fe. Los luteranos no creen en la transubstanciación, sino en la unión sacramental, que es
una unión peculiar que Dios obra por las palabras de consagración
en la que se unen el cuerpo y la sangre de Jesucristo al pan y al vino, así
como el Espíritu Santo se une al agua del bautismo por la palabra de
Dios.
La
misa, el sacrificio y banquete de la Eucaristía, es acto central de la Iglesia
católica y el acto supremo de culto a Dios.
El mismo Cristo que se ofreció a si mismo una vez en el altar de la cruz, está presente y se ofrece en la misa. No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una re-presentación del Calvario, memorial, aplicación de los méritos de Cristo.
El mismo Cristo que se ofreció a si mismo una vez en el altar de la cruz, está presente y se ofrece en la misa. No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una re-presentación del Calvario, memorial, aplicación de los méritos de Cristo.
Cristo
está presente en el cielo y también en el altar, y se entrega hoy al Padre como
el Viernes Santo.
La
Misa es un sacrificio de propiciación (aplaca la justicia divina) por nuestros
pecados.
La Misa es un memorial: Se conmemora la muerte de Jesús, pero no como un recuerdo psicológico, sino como una realidad mística. Cristo se ofrece a si mismo tan realmente como lo hizo en el Calvario.
La Misa es un banquete sagrado: El mismo Cristo que se ofrece, lo recibimos la Eucaristía.
La Misa es el medio principal que Dios ha establecido para aplicar los méritos que Cristo ganó en la Cruz para toda la humanidad.
La Misa es un memorial: Se conmemora la muerte de Jesús, pero no como un recuerdo psicológico, sino como una realidad mística. Cristo se ofrece a si mismo tan realmente como lo hizo en el Calvario.
La Misa es un banquete sagrado: El mismo Cristo que se ofrece, lo recibimos la Eucaristía.
La Misa es el medio principal que Dios ha establecido para aplicar los méritos que Cristo ganó en la Cruz para toda la humanidad.
1. La
Eucaristía es prenda de la gloria futura. Es la fuente, el corazón y la cumbre
de toda la vida cristiana.
2. En
ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Jesucristo, que asocia
a su Iglesia, y a todos sus miembros, a su sacrificio pascual, ofrecido una vez
por todas en la cruz al Padre; y, por medio de este sacrificio, derrama la
gracia de la salvación sobre su Cuerpo que es la Iglesia.
3. La
Santa Misa y el sacrificio de la Cruz son un único sacrificio, pues se ofrece
una y la misma víctima: Jesucristo. Sólo es diferente la manera de ofrecerse:
Cristo se ofreció a sí mismo una vez en la cruz de manera cruenta –con
derramamiento de sangre–, mientras en la Eucaristía se ofrece por el
ministerio de los sacerdotes de modo incruento –sin derramamiento de sangre–.
Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz,
permanece siempre actual. Y cuantas veces se celebra la Eucaristía, se realiza
la obra de nuestra redención.
4. La
Eucaristía es también el sacrificio de la Iglesia, porque ella es el Cuerpo de
Cristo y participa del sacrificio de su Cabeza.
a. Cristo
es el actor principal e invisible que preside cada misa como sumo sacerdote de
la Nueva Alianza, intercede ante el Padre por todos los hombres.
b.
La Iglesia se une a Cristo y se ofrece totalmente con El en la Misa
c. La
misa la celebra el obispo o el sacerdote –actuando “en persona de
Cristo-cabeza”–, representando a Cristo, preside la asamblea, predica la
homilía, recibe las ofrendas, dice la plegaria eucarística, consagra y reparte
la comunión.
d.
Sólo los sacerdotes válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar
(invocar al Espíritu Santo para que el pan se haga el Cuerpo y el vino, la
Sangre de Jesucristo). Por eso la presencia del sacerdote es indispensable
y esencialmente diferente.
e. En
la celebración de la Eucaristía participan todos los fieles miembros de su
Cuerpo. Cada uno une en la Eucaristía su vida, su alabanza, su sufrimiento, su
oración y su trabajo a los de Cristo y a su total ofrenda.
f. También
se unen en la Eucaristía la Virgen María y los santos que están ya en la gloria
del cielo
g. En
la misa oramos por las almas del purgatorio para que puedan entrar en la luz y
la paz de Cristo.
5. Después
de la consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:
a. En la consagración ocurre la “transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor. La Eucaristía aun tiene la apariencia de pan y vino pero nos es pan y vino.
a. En la consagración ocurre la “transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor. La Eucaristía aun tiene la apariencia de pan y vino pero nos es pan y vino.
Cristo está presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con
todo su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Esta presencia se llama “real” porque
es “substancial”, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente
presente.
Cristo está todo entero en cada una de las especies y en cada una de sus partes,
de modo que la fracción del pan no divide a Cristo, que está real y
permanentemente presente en la eucaristía mientras duren sin corromperse las
especies eucarísticas.
6.
Para recibir bien la Sagrada Comunión son necesarias tres cosas:
a.
saber a quién vamos a recibir,
b.
Estar en gracia de Dios. Quien esta en pecado grave debe recibir el sacramento
de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Ver: Eucaristía y
divorciados y vueltos a casar
c. Guardar
el ayuno eucarístico, que consiste en no comer ni beber nada desde una hora
antes de recibir la Comunión.
7. Hagamos
todo lo posible para poder recibir la comunión. Jesús nos dice «En verdad, en
verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su
sangre, no tendréis vida en vosotros».
8.
La Sagrada Comunión produce frutos:
a.
acrecienta nuestra unión íntima con Cristo;
b. conserva, acrecienta y renueva la vida
de gracia recibida en el Bautismo;
c. purifica de los pecados veniales,
d. fortalece la caridad y nos preserva
de futuros pecados mortales al fortalecer nuestra amistad con Cristo;
e. renueva, fortalece y profundiza la
unidad con toda la Iglesia;
f. nos compromete en favor de los
más pobres, en los que reconocemos a Jesucristo; y se nos da la prenda de la
gloria futura.
Para recibir todos los méritos
disponibles es necesario participar con
fe. Cuanto mas fe se viva la Santa Misa, mayor gloria se le ofrece a
Dios y mayor la gracia que se recibe, no solo para los participantes sino para
la humanidad.
9. En
la misa expresamos nuestra fe en
la presencia real de Cristo con un comportamiento respetuoso, arrodillándonos
durante la consagración en señal de adoración al Señor. También es importante la actitud corporal (gestos, vestido…).
10. La palabra "misa" viene del latín "missio"
(enviar). Al final los fieles son enviados a poner en práctica la
Palabra de Dios con la gracia recibida.
11. Al entrar y salir del
templo, cuando pasamos frente al sagrario, manifestamos nuestra fe y
saludamos a Jesucristo presente en el Sagrario con una genuflexión, hincando la rodilla derecha, en señal de respeto y adoración.
Etimología
En idiomas de larga historia escrita, la etimología es una disciplina
relacionada con la filología y con la lingüística histórica, que comprende el
estudio del origen de las palabras mediante investigación de su significado
original, de su estructura, así como de su (evolución
diacrónica): posibles cambios ocurridos en el transcurso del tiempo.
Así mismo, para obtener alguna fuente directa, por ejemplo la
escritura, mediante métodos de lingüística comparativa se pueden
reconstruir datos relativos a lenguas sumamente antiguas. Así, por medio de
análisis de otros idiomas relacionados, los lingüistas pueden establecer inferencias
acerca de la lengua de la que son originarias y de su vocabulario.
La palabra etimología proviene del latín
etymologĭa; ésta, a su vez, del griego
ἐτυμολογία, compuesta por ἔτυμος, ('étymos':
«[elemento] verdadero, auténtico»), y -λογία ('-logía': «tratado, estudio»).
La etimología comprende no solamente el análisis de las raíces (radicales) de las palabras, sino también de sus elementos constitutivos: desinencia, tema, terminación y radical.
El estudio de la etimología ayuda:
a la comprensión del significado de las palabras;
a la ampliación del vocabulario personal;
a mejorar la ortografía;
a la aplicación correcta de la sinonimia, pues sólo muy pocos sinónimos son 100% equivalentes.
Usando textos antiguos, los etimólogos tratan de saber la cronología y la modalidad de la incorporación, la evolución –hacia el lenguaje actual– y las mutaciones que han acontecido a una palabra. La etimología en castellano y en catalán debe mucho a la obra del filólogo catalán Joan Coromines, del siglo xx.
La valoración de su importancia ha variado según las tendencias del momento. Su época dorada acaeció durante el siglo xix, cuando se emprendieron trascendentes proyectos de estudio etimológico, tales como los que culminaron en la edición de las obras siguientes:
Histora de La Misa
El término «misa» se originó en el siglo IV
para despedir a los fieles al final de la ceremonia eucarística (Ite, missa
est) y, luego, a toda la celebración o, bien, a la segunda parte
de la misma (la actual celebración eucarística), según datos de San Isidoro de Sevilla (Etimologías 6,9).
Explicaciones posteriores prefieren su derivación de la palabra latina missio.
De ese modo, la misa no sería otra cosa que vivir en la vida práctica lo que se
ha aprendido y vivido en la liturgia eucarística.1 Según el Catecismo Mayor de San Pío X
la misa es:
¿Qué es, pues, la santa Misa? - La santa Misa es el Sacrificio
del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies
de pan y de vino en memoria del sacrificio de la Cruz.
Catecismo Mayor. Cuarta parte: de
los sacramentos, Capítulo V - 1º, cuestión 655
La misa es el sacrificio que fue prefigurado en los
sacrificios que la religión natural y después la religión
judía según narra la ley mosaica.2
Las partes de La Misa
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LAS PARTES DE
LA MISA
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Instrucción
general del Misal Romano
La Misa consta
de dos partes, a saber, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística.
Consta además de algunos ritos que inician y concluyen la celebración.
RITOS INICIALES
Los ritos que
preceden a la Liturgia de la Palabra, es decir, la entrada, el saludo, el acto
penitencial, el Señor, ten piedad, el Gloria y la colecta, tienen
el carácter de exordio, de introducción y de preparación. La finalidad de ellos
es hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y se
dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la
Eucaristía.
Entrada
Estando el
pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros,
se da comienzo al canto de entrada. La finalidad de este canto es abrir la
celebración, promover la unión de quienes se están congregados e introducir su
espíritu en el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, así como
acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.
Saludo
Cuando llegan
al presbiterio, el sacerdote, el diácono y los ministros saludan al altar con
una inclinación profunda. Sin embargo, como signo de veneración, el sacerdote y
el diácono besan el altar; y el sacerdote, según las circunstancias, inciensa
la cruz y el altar. Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en la
sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz;
después, por medio del saludo, expresa a la comunidad reunida la presencia del
Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo se manifiesta el misterio
de la Iglesia congregada.
Acto
penitencial
Después el
sacerdote invita al acto penitencial que, tras una breve pausa de silencio, se
lleva a cabo por medio de la fórmula de la confesión general de toda la comunidad,
y se concluye con la absolución del sacerdote que, no obstante, carece de la
eficacia del sacramento de la Penitencia.
Señor, ten
piedad
Después del
acto penitencial, se tiene siempre el Señor, ten piedad, a no ser que
quizás haya tenido lugar ya en el mismo acto penitencial.
Gloria
El Gloria
es un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el
Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero.
Colecta
En seguida, el
sacerdote invita al pueblo a orar, y todos, juntamente con el sacerdote,
guardan un momento de silencio para hacerse conscientes de que están en la
presencia de Dios y puedan formular en su espíritu sus deseos. Entonces el
sacerdote dice la oración que suele llamarse «colecta» y por la cual se expresa
el carácter de la celebración.
LITURGIA DE LA
PALABRA
La parte
principal de la Liturgia de la Palabra la constituyen las lecturas tomadas de
la Sagrada Escritura, junto con los cánticos que se intercalan entre ellas; y
la homilía, la profesión de fe y la oración universal u oración de los fieles,
la desarrollan y la concluyen.
Lecturas
bíblicas
Por las
lecturas se prepara para los fieles la mesa de la Palabra de Dios y abren para
ellos los tesoros de la Biblia. La lectura del Evangelio constituye la cumbre
de la Liturgia de la Palabra. La Liturgia misma enseña que debe tributársele
suma veneración, cuando la distingue entre las otras lecturas con especial
honor, sea por parte del ministro delegado para anunciarlo y por la bendición o
la oración con que se prepara; sea por parte de los fieles, que con sus
aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla, y
escuchan de pie la lectura misma; sea por los mismos signos de veneración que
se tributan al Evangeliario.
Después de la
primera lectura, sigue el salmo responsorial, que es parte integral de la
Liturgia de la Palabra y en sí mismo tiene gran importancia litúrgica y
pastoral, ya que favorece la meditación de la Palabra de Dios. Después de la
lectura, que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya u
otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico.
Esta aclamación constituye por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la
asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el
Evangelio, y en la cual profesa su fe con el canto.
Homilía
La homilía es
parte de la Liturgia y es muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la
vida cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las
lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o del Propio
de la Misa del día, teniendo en cuenta, sea el misterio que se celebra, sean
las necesidades particulares de los oyentes. (Los domingos y las fiestas del
precepto debe tenerse la homilía en todas las Misas que se celebran con
asistencia del pueblo y no puede omitirse sin causa grave, por otra parte, se
recomienda tenerla todos días especialmente en las ferias de Adviento, Cuaresma
y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en
que el pueblo acude numeroso a la Iglesia).
Profesión de fe
El Símbolo o
Profesión de Fe, se orienta a que todo el pueblo reunido responda a la Palabra
de Dios anunciada en las lecturas de la Sagrada Escritura y explicada por la
homilía. Y para que sea proclamado como regla de fe, mediante una fórmula
aprobada para el uso litúrgico, que recuerde, confiese y manifieste los grandes
misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.
Oración
universal
En la oración
universal, u oración de los fieles, el pueblo responde en cierto modo a la
Palabra de Dios recibida en la fe y, ejercitando el oficio de su sacerdocio
bautismal, ofrece súplicas a Dios por la salvación de todos.
LITURGIA
EUCARÍSTICA
En la última
Cena, Cristo instituyó el sacrificio y el banquete pascuales. Por estos
misterios el sacrificio de la cruz se hace continuamente presente en la
Iglesia, cuando el sacerdote, representando a Cristo Señor, realiza lo mismo
que el Señor hizo y encomendó a sus discípulos que hicieran en memoria de Él.
Cristo, pues, tomó el pan y el cáliz, dio gracias, partió el pan, y los dio a
sus discípulos, diciendo: Tomad, comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el
cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía. Por eso, la Iglesia ha
ordenado toda la celebración de la Liturgia Eucarística con estas partes que
responden a las palabras y a las acciones de Cristo, a saber:
1) En la
preparación de los dones se llevan al altar el pan y el vino con agua, es
decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.
2) En la
Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y
las ofrendas se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo.
3) Por la
fracción del pan y por la Comunión, los fieles, aunque sean muchos, reciben de
un único pan el Cuerpo, y de un único cáliz la Sangre del Señor, del mismo modo
como los Apóstoles lo recibieron de las manos del mismo Cristo.
Preparación de
los dones
Al comienzo de
la Liturgia Eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el
Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En primer lugar se prepara el altar, o mesa
del Señor, que es el centro de toda la Liturgia Eucarística, y en él se colocan
el corporal, el purificador, el misal y el cáliz, cuando éste no se prepara en
la credencia. En seguida se traen las ofrendas: el pan y el vino, que es
laudable que sean presentados por los fieles. Cuando las ofrendas son traídas
por los fieles, el sacerdote o el diácono las reciben en un lugar apropiado y
son ellos quienes las llevan al altar. Aunque los fieles ya no traigan, de los
suyos, el pan y el vino destinados para la liturgia, como se hacía
antiguamente, sin embargo el rito de presentarlos conserva su fuerza y su
significado espiritual.
Depositadas las
ofrendas y concluidos los ritos que las acompañan, con la invitación a orar
junto con el sacerdote, y con la oración sobre las ofrendas, se concluye la
preparación de los dones y se prepara la Plegaria Eucarística.
Plegaria
Eucarística
En este momento
comienza el centro y la cumbre de toda la celebración, esto es, la Plegaria
Eucarística, que ciertamente es una oración de acción de gracias y de
santificación. La Plegaria Eucarística exige que todos la escuchen con
reverencia y con silencio.
Los principales
elementos de que consta la Plegaria Eucarística pueden distinguirse de esta
manera:
a) Acción de
gracias (que se expresa especialmente en el Prefacio), en la cual el sacerdote,
en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da gracias por
toda la obra de salvación o por algún aspecto particular de ella, de acuerdo
con la índole del día, de la fiesta o del tiempo litúrgico.
b) Aclamación:
con la cual toda la asamblea, uniéndose a los coros celestiales, canta el Santo.
Esta aclamación, que es parte de la misma Plegaria Eucarística, es proclamada
por todo el pueblo juntamente con el sacerdote.
c) Epíclesis:
con la cual la Iglesia, por medio de invocaciones especiales, implora la fuerza
del Espíritu Santo para que los dones ofrecidos por los hombres sean
consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, y
para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sirva para la
salvación de quienes van a participar en ella.
d) Narración de
la institución y consagración: por las palabras y por las acciones de Cristo se
lleva a cabo el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena,
cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, y los dio
a los Apóstoles para que comieran y bebieran, dejándoles el mandato de
perpetuar el mismo misterio.
e) Anámnesis:
por la cual la Iglesia, al cumplir el mandato que recibió de Cristo por medio
de los Apóstoles, realiza el memorial del mismo Cristo, renovando
principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y su
ascensión al cielo.
f) Oblación:
por la cual, en este mismo memorial, la Iglesia, principalmente la que se
encuentra congregada aquí y ahora, ofrece al Padre en el Espíritu Santo la
víctima inmaculada. La Iglesia, por su parte, pretende que los fieles, no sólo
ofrezcan la víctima inmaculada, sino que también aprendan a ofrecerse a sí
mismos, y día a día se perfeccionen, por la mediación de Cristo, en la unidad
con Dios y entre ellos, para que finalmente, Dios sea todo en todos.
g)
Intercesiones: por las cuales se expresa que la Eucaristía se celebra en
comunión con toda la Iglesia, tanto con la del cielo, como con la de la tierra;
y que la oblación se ofrece por ella misma y por todos sus miembros, vivos y
difuntos, llamados a participar de la redención y de la salvación adquiridas
por el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
h) Doxología
final: por la cual se expresa la glorificación de Dios, que es afirmada y
concluida con la aclamación Amén del pueblo.
Rito de la
comunión
Puesto que la
celebración eucarística es el banquete pascual, conviene que, según el mandato
del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por
los fieles debidamente dispuestos. A esto tienden la fracción y los demás ritos
preparatorios, con los que los fieles son conducidos inmediatamente a la
Comunión.
Oración del
Señor
En la Oración
del Señor se pide el pan de cada día, que para los cristianos indica
principalmente el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados,
de modo que, en realidad, las cosas santas se den a los santos.
Rito de la paz
Sigue el rito
de la paz, con el que la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y
para toda la familia humana, y con el que los fieles se expresan la comunión
eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión sacramental.
Fracción del
Pan
El sacerdote
parte el pan eucarístico, con la ayuda, si es del caso, del diácono o de un
concelebrante. El gesto de la fracción del Pan realizado por Cristo en la
Última Cena, que en el tiempo apostólico designó a toda la acción eucarística,
significa que los fieles siendo muchos, en la Comunión de un solo Pan de vida,
que es Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, forman un solo
cuerpo (1Co 10, 17).
Comunión
El sacerdote se
prepara para recibir fructuosamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo con una
oración en secreto. Los fieles hacen lo mismo orando en silencio. Después el
sacerdote muestra a los fieles el Pan Eucarístico sobre la patena o sobre el
cáliz y los invita al banquete de Cristo; además, juntamente con los fieles,
pronuncia un acto de humildad, usando las palabras evangélicas prescritas.
Es muy de
desear que los fieles, como está obligado a hacerlo también el mismo sacerdote,
reciban el Cuerpo del Señor de las hostias consagradas en esa misma Misa, y en
los casos previstos, participen del cáliz, para que aún por los signos aparezca
mejor que la Comunión es una participación en el sacrificio que entonces mismo
se está celebrando.
Mientras el
sacerdote toma el Sacramento, se inicia el canto de Comunión, que debe
expresar, por la unión de las voces, la unión espiritual de quienes comulgan,
manifestar el gozo del corazón y esclarecer mejor la índole «comunitaria» de la
procesión para recibir la Eucaristía.
Terminada la
distribución de la Comunión, si resulta oportuno, el sacerdote y los fieles
oran en silencio por algún intervalo de tiempo. Si se quiere, la asamblea
entera también puede cantar un salmo u otro canto de alabanza o un himno.
Para terminar
la súplica del pueblo de Dios y también para concluir todo el rito de la
Comunión, el sacerdote dice la oración después de la Comunión, en la que se
suplican los frutos del misterio celebrado.
RITO DE
CONCLUSIÓN
Al rito de
conclusión pertenecen:
a) Breves
avisos, si fuere necesario.
b) El saludo y
la bendición del sacerdote, que en algunos días y ocasiones se enriquece y se
expresa con la oración sobre el pueblo o con otra fórmula más solemne.
c) La despedida
del pueblo, por parte del diácono o del sacerdote, para que cada uno regrese a
su bien obrar, alabando y bendiciendo a Dios.
d) El beso del
altar por parte del sacerdote y del diácono y después la inclinación profunda
al altar de parte del sacerdote, del diácono y de los demás ministros.
Bibliografía:
http://www.santorosario.net/espanol/misa/2.htm
http://www.corazones.org/diccionario/misa.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Misa
http://www.aciprensa.com/catequesis/misa2.htm
Giovanni Francisco Castillo Murillo
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